
Entre sueños escuché como Alejandra hablaba de la marca que Pablo debía llevar al igual que su padre y su abuelo poseían. El momento propicio para ese ritual sería 18 días después de su nacimiento, por supuesto solo el núcleo del círculo podría participar en esa ocasión, el resto no estaba preparado para entender la grandeza de un momento como aquel.
Los días pasaron lentamente para mí, la mayoría del tiempo lo hacía dormida, debido a las pastillas que Carlos me daba. Cuando fui mas consciente de las horas, mi hijo ya había cumplido un mes de vida, fue entonces cuando Alejandra con su gran sonrisa me dijo que si estaba lista para continuar con los niños o prefería que ella siguiera en casa. Sabía con claridad cual era mi respuesta, no quería que ella permaneciera mas allí, había descontrolado mi vida por completo y era a la persona a quien mas miedo tenía dentro de aquel grupo. Es cierto que siempre había pensado que era mejor tenerla cerca para vigilar sus pasos, pero era muy inteligente y pocas veces cometía errores que yo pudiera ver, aun así, te aseguro que sigo pensando que vi demasiados. Cuando me habló sobre irse o quedarse, ya tenía preparada en la entrada de la casa su maleta, era algo que ya estaba mas que decidido pero ella utilizaba la pregunta para afirmar lo que se iba a hacer. Muchas veces esa actitud me había parecido tremendamente hábil y pude comprobar como muchas personas creían tomar la decisión ante algo que ella exponía, sin darse cuenta, quedaban satisfechos, sin tener un atisbo de duda, creyendo que solo ellos lo habían decidido así. Conmigo era diferente, siempre le contestaba, lo que usted vea mas correcto será entonces lo adecuado, seguro. Así no la dejaba que creyera que me engañaba y a la vez era un acto de sumisión hacia ella, lo cual no sabía si le agradaba o la enfadaba, ya que su rostro y sus gestos nunca cambiaban, como una figura de cera hierática. La suegra ideal para muchos, un auténtico demonio para mi y Samanta.
Recuerdo el día que Juan trató de hacer su propia exposición sobre lo que se había hablado en la reunión, Alejandra no soportaba que la contradijeran, se ponía tensa y que argumentaran delante de mas gente del círculo, pensaba que eso haría que los demás cuestionasen sus creencias y podrían abrir fisuras importantes, con lo que les había costado llegar hasta donde estaban, no iban a permitir que nadie empezara a pensar por si mismo. Poco a poco, como por arte de magia se fueron descubriendo pequeñas mentiras sobre Juan (todo gracias a Alejandra), al principio se mantuvo en secreto, eso quería decir que todos lo sabían excepto el interesado, claro estaba, que su voluntad ya no fuera tan débil como la del resto provocó un estado de consciencia en el chico que visto desde fuera podía haber sido una gran ayuda para salir de allí, el problema era que nunca se sale del círculo. Hablaron de darle una nueva oportunidad, intentar que redimiera esa lista de pequeños errores, los cuales llegaron a cada uno de nosotros en forma de octavilla :
Critica las decisiones tomadas en el grupo
Informa de secretos a personas ajenas al círculo
Tiene relación con una chica perteneciente a una secta
Frecuenta ambientes donde se blasfema
Niega al hijo que tuvo con su esposa al entrar en la Familia.
No tiene fe en Dios, la energía natural desconocida hace tiempo que está en el
Ha sufrido trastornos físicos que asociamos al castigo del padre.
En el mismo momento que leí esto, quise avisarle, sabía que iban a por el, estaban aislándole para que nadie quisiera estar a su lado, ni siquiera Mara (su mujer) la cual lloraba desconsolada al enterarse que su marido estaba con otra y no quería saber nada de su hijo.
Juan había sido enviado a Cadiz debido a unos encargos de la congregación, eso es lo que el pensaba, al resto se les dijo que ya había empezado a faltar a las reuniones. Llamé con insistencia a su número, pero nadie respondía al otro lado, sentía que las cosas no iban nada bien para él, entonces Carlos me apartó del grupo para decirme que por favor no siguiera llamando a Juan, su móvil lo tenía él. Si la sangre pudiera helarse, te aseguro que ese fue el instante en que la mía se congeló al igual que el resto de mi cuerpo, caí al suelo, después todo el mundo me felicitaba, no entendía que pasaba, Alejandra había hecho a todos partícipes de mi embarazo, algo que yo desconocía totalmente y que resultó ser cierto.
De Juan solo puedo decirte que no volvimos a verle por allí, oficialmente se fue con esa secta a Alemania y nada se pudo hacer aquí para ayudarle. De mi móvil desaparecieron las llamadas que hice aquella tarde y también su número, como si nada de aquello hubiera sucedido.














