martes 9 de febrero de 2010

Salid del círculo III



Entre sueños escuché como Alejandra hablaba de la marca que Pablo debía llevar al igual que su padre y su abuelo poseían. El momento propicio para ese ritual sería 18 días después de su nacimiento, por supuesto solo el núcleo del círculo podría participar en esa ocasión, el resto no estaba preparado para entender la grandeza de un momento como aquel.
Los días pasaron lentamente para mí, la mayoría del tiempo lo hacía dormida, debido a las pastillas que Carlos me daba. Cuando fui mas consciente de las horas, mi hijo ya había cumplido un mes de vida, fue entonces cuando Alejandra con su gran sonrisa me dijo que si estaba lista para continuar con los niños o prefería que ella siguiera en casa. Sabía con claridad cual era mi respuesta, no quería que ella permaneciera mas allí, había descontrolado mi vida por completo y era a la persona a quien mas miedo tenía dentro de aquel grupo. Es cierto que siempre había pensado que era mejor tenerla cerca para vigilar sus pasos, pero era muy inteligente y pocas veces cometía errores que yo pudiera ver, aun así, te aseguro que sigo pensando que vi demasiados. Cuando me habló sobre irse o quedarse, ya tenía preparada en la entrada de la casa su maleta, era algo que ya estaba mas que decidido pero ella utilizaba la pregunta para afirmar lo que se iba a hacer. Muchas veces esa actitud me había parecido tremendamente hábil y pude comprobar como muchas personas creían tomar la decisión ante algo que ella exponía, sin darse cuenta, quedaban satisfechos, sin tener un atisbo de duda, creyendo que solo ellos lo habían decidido así. Conmigo era diferente, siempre le contestaba, lo que usted vea mas correcto será entonces lo adecuado, seguro. Así no la dejaba que creyera que me engañaba y a la vez era un acto de sumisión hacia ella, lo cual no sabía si le agradaba o la enfadaba, ya que su rostro y sus gestos nunca cambiaban, como una figura de cera hierática. La suegra ideal para muchos, un auténtico demonio para mi y Samanta.

Recuerdo el día que Juan trató de hacer su propia exposición sobre lo que se había hablado en la reunión, Alejandra no soportaba que la contradijeran, se ponía tensa y que argumentaran delante de mas gente del círculo, pensaba que eso haría que los demás cuestionasen sus creencias y podrían abrir fisuras importantes, con lo que les había costado llegar hasta donde estaban, no iban a permitir que nadie empezara a pensar por si mismo. Poco a poco, como por arte de magia se fueron descubriendo pequeñas mentiras sobre Juan (todo gracias a Alejandra), al principio se mantuvo en secreto, eso quería decir que todos lo sabían excepto el interesado, claro estaba, que su voluntad ya no fuera tan débil como la del resto provocó un estado de consciencia en el chico que visto desde fuera podía haber sido una gran ayuda para salir de allí, el problema era que nunca se sale del círculo. Hablaron de darle una nueva oportunidad, intentar que redimiera esa lista de pequeños errores, los cuales llegaron a cada uno de nosotros en forma de octavilla :
Critica las decisiones tomadas en el grupo
Informa de secretos a personas ajenas al círculo
Tiene relación con una chica perteneciente a una secta
Frecuenta ambientes donde se blasfema
Niega al hijo que tuvo con su esposa al entrar en la Familia.
No tiene fe en Dios, la energía natural desconocida hace tiempo que está en el
Ha sufrido trastornos físicos que asociamos al castigo del padre.
En el mismo momento que leí esto, quise avisarle, sabía que iban a por el, estaban aislándole para que nadie quisiera estar a su lado, ni siquiera Mara (su mujer) la cual lloraba desconsolada al enterarse que su marido estaba con otra y no quería saber nada de su hijo.
Juan había sido enviado a Cadiz debido a unos encargos de la congregación, eso es lo que el pensaba, al resto se les dijo que ya había empezado a faltar a las reuniones. Llamé con insistencia a su número, pero nadie respondía al otro lado, sentía que las cosas no iban nada bien para él, entonces Carlos me apartó del grupo para decirme que por favor no siguiera llamando a Juan, su móvil lo tenía él. Si la sangre pudiera helarse, te aseguro que ese fue el instante en que la mía se congeló al igual que el resto de mi cuerpo, caí al suelo, después todo el mundo me felicitaba, no entendía que pasaba, Alejandra había hecho a todos partícipes de mi embarazo, algo que yo desconocía totalmente y que resultó ser cierto.
De Juan solo puedo decirte que no volvimos a verle por allí, oficialmente se fue con esa secta a Alemania y nada se pudo hacer aquí para ayudarle. De mi móvil desaparecieron las llamadas que hice aquella tarde y también su número, como si nada de aquello hubiera sucedido.

martes 2 de febrero de 2010

Salid del círculo II



Contar todo lo que viví durante mas de 10 años llevaría bastante tiempo, es cierto, quizá no lo tengas ahora, puedo tratar de resumir como hice la primera vez que conseguí llegar hasta ti. Es difícil, pero ahora parece que encontré un buen camino, aunque tengo miedo por ti, he visto demasiadas cosas que ellos hicieron y se perfectamente de lo que son capaces cuando alguien se mete por medio, aun así, creo que si nos encontramos en este punto tan complicado de acceder por muchos, se debe a algo importante, ¿acaso he sido oída por los de arriba? ¿crees que puedes ayudarme?

Fui tan feliz el día de mi boda... Carlos estaba guapísimo, sus ojos tenían un brillo diferente, se que para el también fue importante, en tan solo tres ocasiones mas, los vi brillar así, cuando nacieron Pablo y Alejandro y el día...
Samanta me devolvió la alegría con solo tenerla en mis brazos, sentía una energía positiva siempre que estaba a mi lado y eso era muy a menudo, ya que su padre apenas le prestaba atención. Yo creía que era por cansancio pero cuando nació Pablo vi que no era normal el trato hacia su hija. Alejandra era mas sutil, de ese tipo de personas que te envuelven sin apenas notarlo, siempre dándote la razón la tuvieras o no.
Mi hija nunca quería ir con mis suegros y mis padres habían muerto en aquel absurdo accidente; terribles fueron los días que viví, el círculo se volcó en mi de una manera increíble, yo llevaba poco tiempo con ellos, sabían que mis padres habían tratado que lo dejara, aun así seguían apoyándome cada uno de sus miembros, incluso a través de Erika que estuvo a mi lado junto a mamá, supieron que mi madre minutos antes de morir me había pedido que abandonara esa locura. Nunca pude explicarle que solo pretendía desenmascararles, que no creía nada, que no entendía como habían engañado a tantas personas. Pero conocer a Carlos si que había cambiado una parte mía, era una mezcla de sensaciones, realmente le amaba y quería hacerle ver su equivocación. Carlos se sentía incómodo cuando le hablaba a Samanta de mi madre, notaba como sus manos sudaban y su mirada se perdía en los recuerdos, mi hija clavaba sus grandes ojos azules en él de un modo que me erizaba la piel y no entendía en esos momentos que estaba sucediendo ni porque siempre lo hacía. Una vez a solas, ella me dijo “ papá no es quien crees ”, no supe contestar a una niña de 6 años que se mecía en un columpio mientras veía como su padre correteaba jugando con sus hermanos. Pensé que se había dado cuenta de lo que para mi siempre había sido obvio, lo que no fui capaz de ver es que mi hija sabía mucho mas que yo.

El nacimiento de Pablo fue uno de los mayores acontecimientos en la familia, casi parecía el primogénito, aunque estaba claro que para ellos lo fue. Alejandra se trasladó a casa, ahora con dos niños iba a necesitarla los primeros días, eso dijeron y fue entonces cuando fui capaz de ver demasiado. Se dedicaron totalmente a Pablo en vez de centrarse en Samanta que era quien mas trabajo podía darme. Sentía una gran tristeza por mi hija, parecía ser capaz de comprender la situación con apenas 2 añitos, ellos lo llamaron depresión posparto y decían que incluso podría dañar a Pablo por lo que tenían que estar mas atentos todavía.
No se como pude ser tan tonta, como dejé que manipularan de ese modo mi vida y muchos menos la de mis hijos, si hubiera sido capaz de huir, Samanta no habría muerto y los niños no serían tan insensibles, carentes de emociones, como el resto.

miércoles 27 de enero de 2010

Salid del círculo...


Ante todo quiero decir que los nombres que aparecen a continuación han sido cambiados, aún así, estoy segura de que estas líneas serán borradas pronto, quizá nunca lleguen a ser leídas por nadie, quizá si llegan a ti, en ese momento me encuentre ya al lado de ella. Cuidad siempre vuestras decisiones y que el Dios justo os proteja.

Entraba tan asustada que creía que todos podrían ver en mi cara el miedo que provocaba mi regreso, recordé el día de mi iniciación, cuando Erika había ido adentrándome en las maravillas y creencias de una nueva iglesia, es cierto que no mostré interés alguno al comienzo de cada una de sus miles de charlas, todo me parecía tremendamente exagerado, nunca he creído que existan esos extremos de los que hablaba, ni todo es tan bueno, ni por supuesto todo es tan malo ¿no crees? Admito que tanto escucharla abrió algo en mi interior, pero no ya el deseo de creerla, sino el de hacerle ver que no estaba en el camino correcto y que había sido engañada sin darse cuenta. Me propuse entrar en el círculo, ir escalando hasta encontrar la base, lo que nunca imaginé es que esas personas podrían ser tan peligrosas ¿Eran enfermas o fabulosos actores? ¿se creían sus propias mentiras o las fabricaban para el resto del grupo? Bajo la apariencia de la búsqueda de un mundo mejor, la solidaridad con quien menos tiene, esa ayuda que ofrecían sin supuestamente pedir nada a cambio, la sonrisa, la ilusión, las peticiones, los agradecimientos... ¿qué se escondía?
La primera vez que vi a Carlos me pareció un hombre genial, sabía que decir y hacer en cada situación, a él le gustó como iba siendo parte central del círculo al que llevaba unido desde su nacimiento, ya que su padre había sido uno de los fundadores en nuestra ciudad. Al año de conocernos ya estábamos casados y al siguiente nació Samanta, poco a poco la madeja se lío tanto que no sabía como deshacer aquello.
Una noche al volver de la reunión y después de que Samanta, Pablo y Alejandro estuvieran dormidos, hablé con Carlos. Solo le dije que sentía miedo de no andar en el camino correcto, de inculcarle a los niños ideas erróneas, si yo no las creía de verdad ¿ cómo transmitírselas a mis hijos? Dejaría una temporada de ir a las charlas para aclararme. El ni siquiera pestañeó. Como si ya supiera que eso iba a suceder, hablaba con palabras calcadas de los libros que ocupaban gran parte de mi casa. Me limité solo a observarle, hasta que dijo que lo pensaría con calma y que yo necesitaba un descanso, seguro que pronto lo vería de un modo diferente. Preferí no continuar, entendía que sus ideas no pueden cambiar de un día para otro, así que lo haría lentamente, esa sería la fórmula. Pero no tuve tiempo de pensar mas en eso porque mi hija enfermó.
Samanta nació con un problema de corazón, la familia de Carlos siempre me culpó de eso, decían algo así como que mis genes no eran del todo perfectos, pero eso sí, con los niños todo era normal, una vez Alejandra ( mi suegra) habló de los iluminados, recuerdo que me enfadé muchísimo ya que Samanta siempre había sido menospreciada por todos ellos, incluso le pusimos el nombre de mi madre porque Alejandra me dijo que era mucho mas bonito que el de ella. Con el paso de los años, supe que eso lo decidió cuando Carlos le habló sobre el problema que mi hija tenía.

Solía cansarse y no podía hacer nada de ejercicio. El día que se puso tan enferma, los médicos no entendían que había sucedido, Alejandra dijo que había estado dibujando como solía hacer por las tardes y que avisó al doctor Jimenez (miembro de la iglesia) cuando la vio tirada en el suelo y de ahí fueron al hospital.
Las palabras de Carlos se clavaron en mi corazón “Es una prueba de Dios, le has ofendido con tu negación y Samanta morirá por tu culpa”. No podía creer que me estuviera hablando de ese modo ¡como podía ser capaz de algo así!
A Samanta se le paró su corazoncito sin que yo pudiera hacer nada por ayudarla, me sonrió y se marchó.
Los días siguientes no los recuerdos con nitidez, se llevaron a los niños, unas pastillas y Carlos repitiéndome lo que había conseguido con mi incredulidad.
Una mañana Alejandro entró al cuarto a escondidas, estaba asustadísimo, me preguntó si el también iba a morir, su abuela decía que yo había enfadado mucho a Dios y que él quería llevárselos a todos y no al cielo, a otro lugar muy feo, allí estaba Samanta y la abuela podía escucharla gritar aún, si mamá no se arrepentía...
Retomé mi trabajo de fiel seguidora de la causa y nuera maravillosa en el instante en que vi peligrar la vida de mis dos hijos. Como si nada hubiera sucedido la normalidad regresó. Fui al hospital, quería ver las pruebas y los resultados de todo lo que le hicieron a mi hija, pero cuando entró el doctor en el despacho supe que no había nada que hacer. Sabía que iba a ir, solo me dio la enhorabuena por haber regresado al lado de Dios, entonces el mundo se me vino encima ¿hasta dónde se extienden sus tentáculos? ¿habían matado a mi hija? ¿Podría algún día sacar a los niños de allí? ¿Será Dios, mi Dios en el que siempre creí capaz de ayudarme todavía?

jueves 14 de enero de 2010

En la soledad



Si alguien quisiera escucharme no me iría con tanta pena en el alma, dejaría las lágrimas donde deben quedarse y la soledad nunca regresaría a mi lado.

Rodeado de personas desconocidas que me trataron, eso si, mejor que mi propia familia.
Preocupados por como me encontraba, observando cada uno de los cambios que mis máquinas reflejaban, tomando mi mano, hablándome con calma y proporcionándome paz.

Por un lado me gustó ver a gente desinteresada que se volcaba en mí, por otro sentí la fría desilusión de no tener familia cerca en ese instante. Vi lo solo que he estado y lo vacía que ha sido al final mi vida.

Tus ojos me daban fortaleza y la sabiduría de quien tiene la certeza de ese algo mas, tan dudoso de entender por la mayoría. Quería darte las gracias por estar ahí y no dejarme.

He visto a otros como yo esperanzados con tu aliento y palabras justas, cuando nadie era capaz de dárnoslas.

Vi a Simón sonriendo a mi lado, me alegré tanto que olvidé la pena por la poca estima que mis familiares vivos pudieran sentir hacia mí.

Simón vestía como el día del entierro. Recuerdo que mi madre le puso el traje que había conseguido casi terminar para que yo lo llevase el día de mi comunión. El era mas pequeño que yo, dos años, me hacía caso en todo lo que le decía y a mí me gustaba decirle que era mi aprendiz.
Madre hizo lo que pudo por ajustarle el traje en un momento tan difícil, yo no quería que le pillasen tan fuerte en la espalda la chaqueta, creía que podían hacerle daño, para mí, Simón solo dormía.

Todo lo hacíamos juntos, eramos inseparables, aun teniendo mas hermanos como con él, nunca me sentí tan unido a nadie. Le dije que cuando se pusiera bueno iría a recogerlo para que fuéramos a jugar a la cuadra de don Matías, era lo que mas nos gustaba a los dos, lo hacíamos a escondidas.

¿Sabes? Cuando lo vi a los pies de la cama me dijo, Juan no te entretengas mas que nos vamos a la cuadra.

Mi cara se iluminó igual que la suya y marché feliz.

martes 29 de diciembre de 2009

El pajarillo feliz




Siempre juego con los niños que vienen, aunque no se da con demasiada frecuencia, no debe ser bueno que vengan hasta aquí, lo he oído decir a Carlos muchas veces cuando las madres dejan que pasen por el pasillo. “Mejor quedarse en la entrada si tienen que traerlos”.

Aunque a mi me gusta que suban, corremos, saltamos y nos reímos mucho hasta que nos regañan por hacer ruido, ja, los mayores siempre enfadándose por tonterías, como cuando papi le dijo a Don Antonio que estaba enojado por la forma en que había llevado mi caso, recuerdo que era cierto y no dejaba de gritar, mamá lloraba a cada instante y yo me encontraba asustadísimo con aquella situación sin saber bien que hacer.

Don Antonio es un hombre bueno, siempre me dice cosas que me hacen sonreír y estar contento, no creo que papá tenga razón en su enfado, pero como se cabreó tanto, no quise decírselo, a mamá si, y me dijo que pensaba como yo, solo que papá estaba nervioso y no deberíamos hacerle demasiado caso, se le pasaría al rato.

Cuando vino Luisa me contó el cuento del pájaro que tuvo que abandonar su casa para ir a un sitio mas bonito con pajaritos igual que él. Me entristeció cuando se despidió de mamá pájaro, parecía como si nunca fuese a regresar con sus hermanos y a Luisa también la puso triste, al final lloramos un poquito los dos, pero en seguida vi los dibujos y sonreí, se veía muy contento en el lugar que había ido, estaban sus abuelos y mas niños.

Pinté al pájaro con unos colores que me regaló la abuela y en la libreta que tío Daniel me dejó prestada, quedamos en que cuando saliera del hospital se la devolvería y papá también se enfadó con el por decirme eso, últimamente está muy sensible, es lo que diría mamá en situaciones así.

Las alas son verdes flojitas, el color preferido de papi.
El cuerpo es azul como le gusta a mi hermano Javier.
La cabeza la pinté morada, mamá siempre dice que es un color especial.
Las patitas rosas porque a mi hermana Meme le gusta que todos los dibujos lleven ese color.
El pico amarillo porque así lo tenía el del cuento y quería que se pareciera en algo a el.

Hice un sol, árboles y un río con mucha agua, el pájaro estaba sobre una gran rama en el río. No puse casas, ni a Danko, creo que el pájaro debe estar solo hasta que llegar a la otra parte del río, seguro que allí habrá mas como el.

Quise firmar mi obra de arte, como diría Javier, siempre lo hago desde que me explicó que lo hacen los artistas, junto a una dedicatoria que me invento, soy muy creativo.

Con cariño para todos los que me quieren:

“ Soy un pájaro que ya no puede volar
navego con un rumbo por el mar
feliz y contento de que he de llegar
a la ciudad de los niños a jugar”

Paco “el pajarillo feliz”



sábado 12 de diciembre de 2009

María



Se en el lugar que me encuentro, no puedo decir que me sienta perdida ni con ganas de ir hacia otro lado, aquí he de estar, exactamente en este punto. Alguien podría pensar que nunca me fui, estarían equivocados, tu sabes que hubo un tiempo en el que estuve lejos.
Fueron momentos de aprendizaje, no imaginaba que pudiera ser tan duro estar donde me ves.

Mil veces pregunté lo que ahora me preguntan y he de darles la misma respuesta que a mi se me dio, el silencio.
La realidad es que no pueden saber mucho mas, ni es su tiempo ni entenderían lo que ahora se y como recibir esta explicación les molestaría, dejo el silencio como único testigo para quien quiera recogerlo.

La solución no se encuentra en vuestro mundo y desde aquí no es momento de mostrarla. Tampoco se debería llamar solución. Empeñados en ponerle a todo un nombre, de etiquetar las cosas y guardarlas en un cajón.
Eso no ocurrirá con mi casa ni con mi tierra, tampoco las personas pueden guardarse en un cajón, ni estando muertas, es zona de Luz, movimiento...

Todo sucede según se ha marcado, por eso no me siento triste hoy, sabía que pasaría así, como habéis visto.
Mi mirada era el reflejo de la tuya por eso había dolor. Debes ser capaz de entender que no quedé prisionera de nada, soy la misma que era antes pero desde este lado.
Abro exactamente igual que antes abría
les veo lo mismo que antes les veía
y aconsejo de un modo sabio incluso a quienes en su día no me creían.

He visto a familia, amigos, conocidos, visitantes y a quienes me hicieron daño, todos piden poder dar el paso, atravesar la puerta que yo guardo.

Se ha buscado a alguien ahí para hacer mi trabajo, pero ha sido en vano, lo humano parece haber ganado. Entiendo que es un gran cargo del que luego no puedes deshacerte y aunque muchos ayudéis desde otros lados, se necesita que la persona esté siempre presente con todos sus sentidos en la zona que bien conoces.
Cuando la veas, sabrás quien es, no busca fama ni cumplidos, te dirá que me ha visto y te mostrará, si, eso que tu has sabido...

domingo 6 de diciembre de 2009

El viaje



El viento nos hizo quedar abatidos en una zona difícil de acceder por nadie, sin abrigo aparente para guarecernos de las embestidas del mar.

Mirábamos al cielo temerosos del castigo que parecía querer infringirnos. La bitácora fué arrancada del lado de el práctico mientras se encontraba inclinado observando lo que sucedía, con lantia en mano.

Cabeceábamos como nunca habíamos visto ninguno, lo que nos hacía sentir el miedo de un modo diferente, hasta ahora no vivido en cuerpo propio.
Cerrazón mirases a donde mirases... y esa bruma que helaba tu sangre.
Abandonar no hubiera sido buena elección, lo sabíamos y permanecimos luchando.

Rastrearon mi cuerpo sin suerte, hasta que pude ver el final y llegué a la orilla. Cansado continué corriendo hasta estar dentro de el, su luz era débil, logré arreglarla y miré rezando porque ellos pudieran verla desde donde se encontraban, asi sabrían que no estaban tan lejos como pensábamos de la orilla.
No podía permanecer esperando, corrí de nuevo hacia el mar sabiendo que cada segundo perdido era crucial para salvarles.

A Samuel lo arrastré como pude dejándolo en la arena, lloré de impotencia y desesperación, mi barco ya no podía divisarse. Ni siquiera vi acercarse al farero, que trataba de ayudar a Samuel. Le grité y le dije que había abandonado su puesto, ese error de la luz había acabado con mi tripulación.

"No hubo error en la luz de mi faro, como la viste la sigue viendo todo el mundo, el resplandor que dejaste al salir de él, es el tuyo Sergio".

 


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